Quedaba poco para el alba. El barco de Meshif ya estaba atrás y los héroes avanzaban en pequeños botes. Demasiado saturados de gente, se mantenían a flote de milagro. Un leve movimiento y el tintineo de las armaduras hacían que alguno levantara la cabeza buscando al culpable. Los remos se hundían en el agua verde que no permitía ver el fondo, moviéndola sin apenas generar ruido. La vegetación cada vez se hacía más densa, anunciando que estaban en la jungla.

 

Pronto visualizarían el puerto. El rio les sirvió para bordear mientras dejaban a la vista el barco fondeado. Pronto los primeros rayos de luz atisbarían el horizonte. Pronto verían lo que ocurre.

 

 

Hombres de la tribu de Rathma peleaban sin cuartel ante una gran cantidad de demonios. El silencio se rompió de repente con la emboscada que las bestias soltaron en las pequeñas embarcaciones y casas del lugar. Al principio, una barrera mágica contenía a los demonios pero esta se fue resquebrajando.

 

Había bestias enormes entre ellos, otros más humanoides, acorazados y bien armados. Nunca habían visto unos siervos tan bien preparados para matar. Se acabaron las hordas fortuitas, los enclenques y los desorganizados. Estos se movían como una unidad, golpeaban como una sola fuerza y la cúpula comenzó a agrietarse.

 

 

 Es la última noche que los héroes pasarán en Lut Gholein antes de zarpar en el barco de Meshif hacia Kurast. El druida sale de su tienda, en silencio, absorto en sus propios pensamientos. Sin medir sus pasos se interna en el frio de la noche del desierto, fuera de las murallas de la ciudad.

 

Hay luna nueva, llueve y la noche no puede ser más cerrada. La visibilidad es casi nula y solo le rodea la oscuridad. Él camina sin rumbo establecido, sin saber a dónde le llevarán sus pies. Todos sus sentidos, todo su ser, es uno con la naturaleza. No conoce el desierto, no sabe a dónde va, pero sabe lo que quiere encontrar.

 

Lo ha perdido todo, su hogar, a los suyos, su mujer, sus hijas… Ha sacrificado a sus compañeros y solo conoce la desgracia. La pena es lo único que ha conocido desde que ha conocido este mundo, pero ha aprendido que lamentarse por ello no sirve de nada. Con el paso del tiempo sus lamentos se han ido convirtiendo en rabia y su pena en venganza. Una que aún no ha podido ser saciada ni destripando demonios con las enormes garras de su forma de guerra.